¡Qué has hecho Fernando! Has estado ocupando una posición
que no correspondía a tu monoplaza. Has hecho creer incluso que, con
un monoplaza luciendo abalorios a modo de alerones, se podía ganar el
gran premio. ¿Cómo un Renault con menos caballos puede alcanzar
la velocidad punta de otros? ¿Cómo, explícame, si no es
jugándose el bigote a excesiva velocidad, desbordante pericia, y ambición
sin límite? Hubiera preferido una gesta histórica, que lo sería,
pero a mí, me ha sabido a gloria.
Hasta la llegada al fatídico piano y perseguido, como no, por el más ventajista de los últimos años —entiéndase ventajista como el que compite en ventaja y no de manera despectiva. Fernando lo es también en las arrancadas, pero es que lo de la Ferrari... ganan haciendo trompos; eligiendo mal las ruedas; con tácticas inverosímiles...—, lo que estaba haciendo FA, sólo en la Renault lo saben. Y vergüenza debería darles.
Vale, su trabajo es pilotar. Bien, hasta ahí de acuerdo; no lo es ofrecer una imagen ficticia de un monoplaza propulsado por un excelente motor en según qué circuitos, pero inadecuado para luchar con los de arriba en Monza. Y qué si se perdían dos décimas con algo más de ala. Esa era el ala con la que pilotaban el resto y el “downforce” adecuado para sentir que uno pilota un F1 y no la alfombra de Aladino, menos mágica que nunca ella, pero con genio al volante.
Entiendo que muchos aficionados puedan sentirse algo decepcionados al entender como error de pilotaje la brusca subida al piano y el posterior trompo. Del mismo modo, háganme caso y entiendan ustedes que las cuentas de la vieja siguen sin fallar: velocidad punta sin caballos es igual a riesgo más talento a raudales si consigues rodar con los de arriba. Así fue todo el fin de semana y, lo ocurrido, un mal menor intentando pasar de lo inverosímil a lo imposible. Pretendía el nuestro forzar el sobrepaso sobre el monoplaza de Button y librarse del acoso de un Schumacher con los dientes más largos que el ventajismo de sus números.
Hizo un trompo, sí. ¿Y qué? En su libertad eligió morir de pie a vivir arrodillado. Por su lado, Renault, jugó al despiste hinchando el velocímetro como el temeroso pez globo su cuerpo. Señores de Renault, piensen en el 2005 y déjense ya de pretender el segundo puesto de constructores. Es claro que no es el Renault el segundo mejor auto de la parrilla, ni el tercero. Si no me creen, pregúntenle a Trulli.
Españita.
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