La sonrisa de Alonso es cordial; su lenguaje corporal, amable. Pero su conducción -su pilotaje- nos lleva a otra parte. Olvidémonos de virtudes tan tibias como la suavidad. En cambio, captemos una nueva serie de normas de piloto de carreras. Estamos en la recta final, Ferrari está en alza y el campeonato cada vez está más reñido, pero Fernando sigue siendo simplemente Fernando, salvo que uno ha perdido un poco el hilo de quién pensaba que era y quién sigue siendo hoy, aquí en Francia, mientras disfruta un poco de la vida como el campeón mundial más joven de la historia de la F1. Como pasó con algunos otros –con Niki Lauda, Mario Andretti, Alain Prost e incluso Michael Schumacher-, el éxito de Fernando nos ha hecho creer que no es más que “parte del conjunto”.El coche es bueno, los neumáticos son buenos, el equipo es bueno, todos trabajan duro, y cómo no, marcan la pole y, con suerte, ganan la carrera. Son perfectos, experimentados y organizados, y ganar parece fácil. Y cuanto más ganan –cuanto mayor es el margen de su victoria-, bueno, más lo da uno por sentado.
Esto va a ser sencillo, Fernando dará una vuelta o dos con un Mégane Turbo Sport azul, con las llantas negras, antes de centrarse en los invitados de Mild Seven. Me pondré cómodo, me relajaré y recordaré lo elegante que se ha vuelto, y luego saldré rápidamente.
“Hola”.
“Hola. ¿Damos unas vueltas?”.
“Sí”.
“Venga. Vamos. Bonito día, ¿eh?”.
“Muy bonito”.
Acelera con brío metiendo marchas, pero el paso de segunda a tercera, observo aliviado, es un tanto desigual: en mi propio Mégane Turbo, a menudo cometo el mismo error.
Tercera, quarta, quinta… reducción a tercera para la primera curva. No hace punta-tacón. En vez de eso, suelta el embrague suavemente y gira hacia su vértice.
“¿Haces punta-tacón en carretera?”.
“A veces. Depende. Depende de lo rápido que vaya…”.
Fernando se familiariza con los conos, ya que el Ricard puede ser un millón de circuitos en uno. Creo que a esta la llaman variante 4C. Ahora sale de la chicane y acelera a fondo por la recta de atrás, y el Mégane nos recuerda que es tan rápido como un BMW M3. Subimos hasta los 190 km/h y Fernando, con las manos a las 10 y 10, es en estos momentos uno cualquiera de los grandes pilotos de carreras haciendo algo que pueden hacer con los ojos casi completamente cerrados.
Pero, de repente -¡violentamente!-, el mundo se vuelve loco. Fernando no frena, ni siquiera levanta, cuando se acerca la rápida, despejada e incitante curva Signes. En cambio, como si cortara hierbajos con un machete, mete bruscamente con la dirección a la derecha, lanzándonos de costado, cargando tremendamente la delantera izquierda y apuntando a unos 50 grados al vértice geométrico. Esto que estoy viendo no es Michael ‘giro pequeño/giro grande’ Schumacher; no es Michael manejando un enorme Ferrari 575M en Mugello, bailando al volante, despachando la transferencia de peso con sutiles cambios de dirección, acelerador y frenos; no, esto es Fernando casi a lo Sébastien Loeb en su provocación del coche, salvo que esto que estoy viendo no es el doble movimiento rápido de un piloto de rallies sino una orden escandalosamente corta, brusca y decidida.
Vale. Ahora está en mitad de la curva. Ahora Fernando es Michael, realmente impresionante con su habilidad para corregir, permaneciendo gas a fondo; no, levantando un pelín durante un milisegundo allí, los brazos tan flexibles como amortiguadores mientras absorbe los derrapajes y bandazos, la colocación del coche perfecta al besar el vértice, luego se desliza hacia el piano a la salida, apurando hasta el último centímetro, dejando que el Mégane describa un arco suave, dentro del cual el coche corta a la izquierda y luego a la derecha, mientras él manipula por instinto el peso cambiante de vuelta a donde debería estar; es decir, más o menos repartido por igual, permitiéndole hacer recta la salida gas a fondo y recobrar la compostura. Sí. Eso se puede llamar Michael Schumacher. Eso es tacto puro, divino.
Pero la entrada en curva es algo distinto.
Esto es nuevo. No recuerdo ningún piloto tan agresivo con su movimiento inicial. Jody Scheckter, tal vez; quizá Keke Rosberg. Pero junto a esos dos pilotos me senté en mojado, en los años 70, cuando los niveles de agarre y los objetivos eran otros. No, esto es un nuevo nivel. Esto es asombroso. Y sigue; en la horquilla y la izquierda cerrada. Es tan probable que el Mégane subvire como que yo dé con un swing ganador en el campo de golf. La trayectoria parece salvaje, incluso descuidada; y sin embargo Fernando, al volante, es agudo y resuelto. Mirándolo –ahora sí que hace punta-tacón- , nada parece superfluo. Por ejemplo, no hay movimiento excesivo de volante, no ‘telegrafía’ con el gas. Con lo violento que es su movimiento inicial de volante, las acciones de apoyo son maravillosamente precisas. Es como si desarmara y rearmara un Cubo de Rubik, en un segundo o así.
“¿Esto es representativo de Fernando Alonso?”, le pregunto mientras charlamos después, recordando esas imágenes de cámara subjetiva frontal de Fernando y los demás en Copse, en Silverstone. Fernando: ¡zas! Kimi: suave, suave. Michael: como Kimi.
“Sí, es así como conduzco. F1, otros coches. Es lo mismo. Me gusta ser brusco en la entrada”.
“¿Y qué piensa cuando lo ve después, cuando ve lo distinto que es?”.
“¡Me encanta verlo! Siempre me río y me quedo sorprendido de lo distinto que parezco porque no tengo esa sensación. A mí me parece normal, claro.”
“¿Y le proporciona temperatura extra en los neumáticos delanteros?”.
“Sí, creo que sí, pero es muy difícil saberlo con seguridad”.
“Supongo que en los únicos sitios donde no le funcionó fueron Indy este año y Hockenheim”.
“¡En Indy 2005! Entonces tampoco estuvimos en buena forma. A veces es un problema, pero por lo general podemos encontrar unos buenos reglajes”.
“¿Trató de adaptar su estilo este año en Indy, basándose en que Giancarlo Fisichella parecía poder sacar más del coche?”
“No. La verdad es que no. No había tiempo; no hay tiempo durante el fin de semana. Intentamos encontrar el neumático correcto y luego hacemos el reglaje para la carrera”.
Fernando está tranquilo y es cortés, habla con inteligencia y madurez impropias de su edad… y sin embargo… El chico es todo agresividad y confianza, no quiere entrar en muchos detalles y le gustan las cosas sencillas. Sencillas como en ganar y volver a ganar. Todo lo demás es simplemente necesidad, y se me ocurre que su dominador movimiento inicial de volante es en sí mismo una expresión de actitud. ¡Recuerden quién manda!.
No es el señor Perfecto, suave y pulido. Es un piloto de carreras duro, implacable, competitivo, que siempre ha sacado el puño y se ha saltado la cola si había una cola que saltar. Por eso es campeón del mundo.
Fuente: F1 Racing





