La última tuerca

viernes, octubre 20 2006 a las 15:47

Enviado por: ABAD

Ajeno a la parafernalia, al desparrame tecnológico, a los sesudos mensajes sobre la longevidad de los motores, las obligaciones de una especificación tal y cual para una carrera de necesidad diésel, Fernando Alonso inició su aproximación al último gran premio del año de Fórmula 1, el que decretará si es campeón o no, desde el cuidado de su cuerpo. Ha dedicado toda la semana anterior a la cita a reordenar su umbral aeróbico.

Veinte días en China y Japón, entre saraos publicitarios, enfados con el equipo Renault y, finalmente, el «bienestar total» del humo blanco en el Ferrari de Schumacher, habían alterado el consumo energético de Alonso. El asturiano entendió que tanto viaje y tanta anormalidad no ayudaban a su asalto al campeonato.

Así que, en vez de agarrar el volante y desmenuzar otra vez el R26 y los neumáticos Michelin, Alonso se ha entregado al cultivo de su organismo. Por ahí interviene el italiano Fabrizio Borra, su preparador físico desde hace años, el mismo que ha adiestrado a Ivan Basso, ganador del último Giro y ahora señalado por la Operación Puerto. Borra diseñó una semana muy del gusto de Alonso en Oxford. Bicicleta de montaña por la campiña inglesa, carrera continua por los alrededores de su apartamento, gimnasio para no descuidar la musculación de su cuello (talla XXL, como todos los pilotos) y mucho fomento de la resistencia.
«He estado tranquilamente desconectado», comentó Fernando Alonso al respecto del estrés que debía generarle el fin de semana en Brasil. Si la cara es el espejo del alma, la semana de acondicionamiento ha relajado al asturiano. «Lo único que tengo que hacer es no cometer errores».
Y en esa búsqueda de la normalidad, Alonso se ha dejado llevar por los hábitos y su tic supersticioso. Repite el mismo hotel en el que se proclamó campeón el año pasado, el Hilton de Morumbi, allí donde confluye uno de los ciento cincuenta mil atascos que salpican este caótica urbe de Sao Paulo. Dieciocho millones de habitantes, dos horas y media al volante entre el aeropuerto y el circuito, distante 25 kilómetros.
Patria inacabable de grandes pilotos, Ayrton Senna, Emerson Fittipaldi o Nelson Piquet, Brasil ha recibido la carrera de Sao Paulo de la única forma que se puede interpretar. «O duelo final», proclaman cientos de carteles por las avenidas en una cara a cara entre Fernando Alonso y Michael Schumacher.
Por ahí agarró el español un argumento para reafirmar su posición frente a Renault.«El título que importa es el de pilotos -dijo-. No sólo a mí, sino a todo el mundo. Se ve en los carteles. No hablan de un duelo entre Renault y Ferrari. Dentro de diez años nadie recordará quien ganó el Mundial de constructores y sí el de pilotos. El título de marcas es importante para el negocio, para tomar posiciones, para el futuro, pero nadie se acuerda de quien ganó».
Mientras tanto, Michael Schumacher sigue en las mismas. Dice haberse rendido, aunque eso no lo cree nadie. «Estoy aquí para ganar el título de constructores. No pienso en el de pilotos. Ya dije en Suzuka que la lucha estaba acabada. Lo que quiero hacer en Interlagos es completar una buena carrera y tratar de ganarla».
Es la última tuerca para Alonso, el último peldaño en una relación de altos y bajos con Renault, su despedida y otro horizonte en McLaren, la última carrera de Schumacher, el salto de casa de Raikkonen. Pero por encima de todo, hay un título en juego. Y eso aguza los sentidos. «Lo tenemos de cara, pero no me fío», dice el campeón.
 
Fuente: Abc/José Carlos Carabías

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