El triunfo del asturiano en el Gran Premio de Singapur no sólo le reconcilió con el Mundial de Fórmula Uno, en el que llevaba más de un año alejado de la gloria, sino que además le puede aportar argumentos para seguir un año más en Renault
Alonso aprovechó la primera carrera nocturna de la historia de la Fórmula 1 para reivindicarse y para dejar claro que tiene muchas cosas que decir todavía en este deporte. Eso mismo debe de estar pensando Renault, la marca gala olvidó los sinsabores de las últimas dos temporadas y vio reconocido todo el esfuerzo realizado durante estas 31 carreras, que son las que han pasado desde que Alonso sentenciase el Mundial en Suzuka en el 2006 aprovechando una rotura en motor del Ferrari de Schumacher.
También quedó claro tras la carrera de ayer que en este deporte a veces surgen episodios que dan la vuelta a los órdenes establecidos y a las lógicas. En el caso de Fernando Alonso la suerte le vino a ver con la salida a la pista del coche de seguridad justo cuando había realizado su primer pit stop y fue en ese momento cuando pasó de estar desesperado a empezar a soñar con hacer algo grande. La casualidad quiso que fuese su compañero de equipo, el brasileño Nelson Piquet, quien le brindara en bandeja esa oportunidad, aunque tuvo que ser por un accidente, del que afortunadamente salió ileso.
Pero todo esto sirve de poco si el binomio coche-piloto no es capaz de consolidar esa situación, y ayer Alonso demostró que le sobran argumentos de piloto y que, apoyado por un coche competitivo, supo hacer valer la ventaja que le otorgó el coche de seguridad.
Renault y Alonso son un matrimonio perfecto, que como toda relación han pasado por alguna crisis, pero que si se sabe atajar puede servir para consolidar su unión de cara al futuro. Los progresos del R-28 desde Barcelona han sido continuos, pero les faltaba que les visitase la suerte para que el bicampeón español pudiera pisar el cajón en esta auténtica travesía del desierto en la que se había convertido este año, algo que llegó en Singapur.
Tras la carrera de ayer llega el momento de mirar al futuro y de volver a creer que ambos pueden volver a colocar al Renault peleando por hacer algo grande como ya hicieron en la anterior etapa de Alonso en la marca del rombo. "Fernando sabe los esfuerzos que estamos haciendo para ofrecerle un coche ganador", fueron las palabras de Flavio Briatore después del Gran Premio, con lo que quería dejar claro se había puesto la guinda a un trabajo de potenciación del monoplaza que comenzó a palparse hace al menos cuatro carreras.
Pero como es lógico, Fernando necesita más que un triunfo en una carrera en un circuito urbano para decidirse por continuar en Renault y la frase dicha por el español hace una semanas: "No soy peor piloto que el pasado año, pero no puedo volver a equivocarme. Si Renault se mantiene al nivel de este año, me iré", sonaba hace unos días a sentencia. Ahora la duda de Alonso es saber si lo del domingo puede repetirse en las carreras que quedan hasta el final de la temporada, Japón, China y Brasil, o si se trata de una simple conjunción de factores restringidos a un trazado al que el R-28 se adaptaba de maravilla. Para la decisión final habrá que esperar "muy probablemente al final de la temporada", como el propio interesado no se cansa de repetir.
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