Un vídeo de carreras de Fórmula 1 salpicado con imágenes
de bailaores flamencos y a ritmo del 'A mi manera' interpretado por los Gipsy
Kings. Justo antes de que subiera el telón y aparecieran en el escenario,
arropados por un aplauso unánime, Fernando Alonso, campeón del mundo,
y Flavio Briatore, el jefe de la mejor escudería de los grandes premios
2005. Entre ambos, el Renault R25, el coche de la gesta. Fue el momento cumbre de la gala de entrega de premios de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) en Mónaco, una fiesta de postín en reconocimiento a los mejores pilotos de la temporada. Y resultó una velada con más sabor español que nunca: la abrió Antonio Albacete, campeón de camiones, le siguió Dani Sordo, la gran promesa de los rallys, y la cerró, antes de la llegada de Alonso, Carlos Gracia, el presidente de la federación nacional de moda en estos momentos.
Pero todos querían escuchar al hombre que ha arrebatado el cetro al gran Michael Schumacher, que también le aplaudía con gesto de admiración al igual que Kimi Raikkonen, el enemigo del campeón. Y en inglés de Oxford habló Fernando para expresar su felicidad: "Esto es un sueño hecho realidad, algo por lo que he luchado toda mi vida. Ahora ya se lo podré contar a mis nietos". Y con el mismo buen humor lanzó un aviso para navegantes: "Soy joven, así que espero volver aquí muchas veces. Confío en recibir este premio en muchas ocasiones". Tampoco faltó esta vez el capítulo de los agradecimientos: "Quiero dar las gracias al equipo y los patrocinadores por este año inolvidable, hemos disfrutado mucho juntos".
Turno, pues, para la escudería. Tras el piloto, su gente. Flavio Briatore recibía el trofeo que acredita a la mejor formación de 2005 visiblemente emocionado, mucho más que Fernando, casi con lágrimas en los ojos. Volvió a referirse a un equipo que apenas existía en 2001 y que hoy es el número uno, recordando a todos los que han hecho posible el milagro: "Hoy hemos estado comiendo con toda la escudería y son 830 las personas que han trabajado para el triunfo".
Y en un gesto de generosidad inesperado, llamó al escenario a Patrizia Spinelli, la responsable de prensa de su equipo, que salió del salón donde antes se había celebrado la cena de gala para ser aupada en brazos por el mismísimo campeón. Todo felicidad, todo alegría en otra jornada para la historia. Hasta el príncipe Alberto de Mónaco, el mismo que dudaba de la seguridad de unos Juegos Olímpicos en Madrid, compartió mesa y confidencias con este asturiano que ha hecho de todos nosotros ese sueño que era sólo suyo.
Fuente: AS





