Noventa y nueve veces Fernando Alonso. Y en Turquía, su carrera número cien. Algún día todo el mundo se acordará de los vertiginosos e inigualables momentos vividos en la Fórmula 1 con uno de los grandes genios del deporte español.
Hasta los que le odian, le envidian, no soportan que salga tanto en la tele, ni que su pareja sea una cantante de éxito le echaran de menos. Pero siempre nos quedará el recuerdo de lo mucho que nos ha hecho disfrutar el mejor piloto español de todos los tiempos, sus triunfos, sus celebraciones, la emoción de sus remontadas, sus inolvidables arrancadas... Así ha hecho grande en España un deporte de minorías hasta su aparición.
El aniversario que el ovetense espera festejar con una victoria en Estambul es también su celebración más dura, más ingrata. Nunca hasta recalar en McLaren junto a un piloto inglés, su equipo le había puesto tantas piedras en el camino. En Minardi el ambiente fue excepcional, lo que pasa es que aquello no daba para más. Y Renault le perjudicó con ciertos fallos, no con mala fe. Cada miembro de la tropa le apoyaba y le admiraba. Siempre se ha sabido ganar a la gente más cercana a él en el trabajo.
El día después de su debut en Melbourne el 4 de marzo de 2001, Fernando se fue a Albert Park a acompañar a sus mecánicos mientras recogían. Les agradecía así el enorme esfuerzo que habían realizado para poner dos coches en pista. Un mes antes Paul Stoddart, el nuevo dueño, no tenía dinero suficiente para correr. Alonso, fichado por Flavio Briatore para hacerle campeón con Renault, fue cedido esa primera temporada a la simpática escudería italiana. El mismo jueves ensamblaban los coches y por la tarde los presentaban. Era, sin duda, el coche peor decorado de la historia reciente. Con unas pegatinas blancas mal puestas.
Su motor, de apenas 750 CV, era un vetusto Cosworth del 99. Estaba a cien caballos de los mejores. Con esos mimbres, en la calificación ya impresionó con un 19º puesto. Su compañero Marques (a la friolera de 2,7 segundos en una vuelta) y otros dos monoplazas más poderosos, un Prost y un Jaguar, quedaron a sus espaldas. Sin un kilómetro de pretemporada, en su primera crono se quedó a sólo una décima del 18º de Bernoldi. Y, pese a las enormes dudas de fiabilidad, consiguió llevar un coche inconducible a la meta. Nada más terminar la carrera Alonso le dijo a su entonces mánager, Adrián Campos, una frase que fue todo un vaticinio: "Aquí me va a costar ser el jefe". Su mejor resultado fue un décimo puesto con un coche que se caía a trozos en Alemania. Y la carrera más brillante, en Suzuka, donde terminó undécimo, logró la 13ª vuelta rápida en carrera y llegó a pasar al BAR Honda de Olivier Panis.
Se llevó el primer chasco cuando Flavio Briatore le dijo que pensaba tenerle un año como probador. "Estoy seguro de que esa temporada podría haber logrado ya algún podio con aquel coche, que no iba mal". Pese a la enorme oposición de la prensa inglesa y una campaña en contra de la inexperiencia de Alonso, Flavio no tuvo dudas para 2003. Alonso superaba habitualmente a los titulares, Trulli y Button, en los test.
El parón en su carrera le hizo empezar su segunda temporada enrabietado, dispuesto a demostrar su talento. Comenzó con un remontadón en Australia bajo la lluvia, siguió con su primera pole en Malaisia ante Michael Schumacher ("Alonso es un gran piloto, pero no es una sorpresa, yo ya había visto su calidad", dijo con su habitual seriedad el Kaiser). Y primer podio con 39 grados de fiebre. Sólo éramos tres los periodistas españoles que lo presenciamos en vivo y menos aún los que le visitamos después de la carrera en la habitación del box, con olor a aceite y aroma a enfermedad.
Ése fue el despertar del monstruo. Confirmado por una memorable carrera en el GP de Brasil y un espectacular segundo en Barcelona, sólo superado por Michael Schumacher. En todo el más joven, su vuelta rápida en Montreal, otro récord hasta ese momento, fue la última muestra de talento antes de su primer triunfo.
Momentos clave
Australia 2001: Asombroso comienzo del ovetense
El debut en la Fórmula 1 de Fernando Alonso resultó impecable. Con un monoplaza terminado el día antes del inicio de los entrenamientos, y sin haber rodado un sólo kilómetro en pretemporada, el ovetense no sólo llevó su Minardi a la meta, sino que batió a pilotos mucho más expertos que él y con monoplazas que en algunos casos gozaban de 80 CV más de potencia. El hoy bicampeón no pudo ocultar sus nervios antes de la salida, aunque en pista demostró por primera vez su enorme regularidad. Para la historia quedará su primera sanción, diez segundos por exceder el límite de velocidad en boxes.
España 2001: Primer baño de masas y visita del Rey
"¿Qué tal chiquitín?". Así saludó el Rey Juan Carlos a Fernando Alonso la primera vez que se vieron. El monarca no faltó a su cita anual con la Fórmula 1, y fue un espectador privilegiado de la primera carrera en casa del ovetense. Casi cien mil personas fueron al trazado catalán, lo que por entonces fue un récord absoluto, y se vivieron momentos muy emotivos. Además, tras varias carreras abandonando, Alonso dio lo mejor de sí para acabar la carrera por delante de los Benetton de Button y Fisichella, con lo que la fiesta resultó prácticamente perfecta.
Malaisia 2003: Sepang marca el inicio de la leyenda
Fue el 22 de marzo de 2003. Bajo un calor sofocante y con el mundo pendiente de la guerra en Irak. La primera pole de un piloto español en la F-1. Tan inesperada como mágica. Fernando Alonso, 21 años, 7 meses y 23 días, escribió aquella jornada en Sepang una de las páginas más brillantes, por inédita, de la historia del deporte español. Fue el más rápido pese a la fiebre y a un primer sector que se le atragantaba más de la cuenta. Michael Schumacher, igual de sorprendido que el resto, le felicitó sin saber entonces que ante él se encontraba el muchacho llamado a destronarle sólo dos años después.
Al día siguiente, con idéntico calor y la misma fiebre, Alonso se convertía también en el primer español en subir a un podio de la Fórmula 1. Tercero en su segunda carrera en Renault. Sólo un problema en el cambio impidió que la celebración fuera más rotunda. Aquel fin de semana empezó la leyenda y un país entero comenzó a interesarse por un deporte minoritario. Hoy arrastra multitudes.
Brasil 2003: Miles de fieles en la marea azul
Sólo dos semanas después del éxtasis en Malaisia, Fernando Alonso llegaba a Interlagos dispuesto a repetir su hazaña. Volvió a subir al podio, pero esta vez todo se tiño de dramatismo. Corría la vuelta 54 cuando el asturiano no puede esquivar la rueda desprendida del Jaguar de Webber. El R23 salió despedido contra el muro a 250 km/h y, tras el impacto, rebotó hacia el lado contrario. Los comisarios suspenden la carrera mientras Alonso es atendido. Su gesto en la camilla, con el pulgar hacia arriba, tranquiliza a todos. Antes de eso realizó un carrerón bajo la lluvia que le llevó desde la 16ª plaza hasta el tercer puesto del cajón.
España 2003: Su primer accidente de gravedad
El tercer podio de la carrera deportiva de Fernando Alonso, y su mejor puesto hasta entonces, segundo, no pudo tener un escenario mejor. Tras su espectacular inicio de año, Montmeló se engalanó para recibir a su nuevo héroe. Miles de asturianos se desplazaron hasta el circuito catalán, en donde la coincidencia entre los colores de Renault y la bandera del Principado dio inicio a la llamada marea azul. Tras otra brillante carrera, una más, sólo Michael Schumacher pudo batir aquel día al ovetense. Fernando lo definió como el "más bonito" de su vida.
Así lo vivió Fernando Alonso
El debut "Terminar fue una sorpresa"
Lo que más recuerdo es mi primera salida del pit lane. Nunca habíamos hecho pruebas antes por falta de dinero y el coche era totalmente nuevo para mí. No sabía si podríamos terminar. Los demás pilotos llegaron con cientos de kilómetros de test. Fue una sorpresa para mí terminar en duodécimo lugar la carrera y no salir desde la última fila de la parrilla. De hecho fue una sorpresa el solo hecho de acabar la competición".
Primer punto "Adelanté como un loco"
Fue en Australia 2003, en mi primera carrera con Renault. Terminé séptimo después de hundirme a los últimos puestos por un error en boxes. Adelanté como un loco con la pista medio mojada, pero no pensé después de aquella carrera que fuera a tener un gran año, porque fue un gran premio atípico. Me divertí mucho y fue mi mejor carrera en F-1 hasta ese momento. Pensaba que iba a abandonar por culpa del motor".
Pole y podio "La emoción fue increíble"
Nada más bajar del coche sabía que había dado una buena vuelta, pero no esperaba convertirme en el piloto más joven en lograr una pole. La emoción de aquel sábado en Malaisia fue increíble. Después, pasé la noche con fiebre y la carrera fue un suplicio absoluto. Salí tambaleándome del coche con 38 grados, pero acabé en el podio. Fue muy grande todo lo que pasó el fin de semana en Sepang".
Fuente: AS





