Recuerden por un momento su época de niños en el colegio. Uno de los gamberros hace una trastada y el empollón de la clase va al profesor a decirle quién ha sido. Lógicamente todos sus compañeros le odian. En términos de Fórmula 1 y dentro de McLaren, el pelota del poder es Lewis Hamilton.
El inglés empeora con sus declaraciones todavía más su ya difícil relación con Alonso. Y además, con muy mala idea, hurga en la herida. Entre los ingenieros y mecánicos de McLaren no han sentando bien las declaraciones de Alonso sobre las seis décimas que ha aportado al equipo. El bicampeón del mundo tiene toda la razón. Es cierto que los ingenieros han diseñado el monoplaza, pero sin Fernando no se hubieran cambiado las inercias perdedoras.
En muchos aspectos, McLaren seguía viviendo de 1999, cuando ganaron su último título. Palabras como las que realizó Fernando son consideradas un pecado mortal en estas escuderías de F-1. Algunos del equipo lo han tomado como un desprecio y el ventajista Lewis quiere ahora sacar ventaja de ello. Quizá sólo sea una casualidad, pero este fin de semana Fernando ha tenido una escasa colaboración de su ingeniero de pista, Mark Slade. En la calificación no le advirtió de que pusiera blandos en lugar de los duros que eligió el ovetense. Después, en carrera, le adelantaron la parada y estuvo cerca de no pasar a Heidfeld. Cuando hay un ambiente tan irrespirable es difícil ser campeón, pero el equipo sabe quién les ha metido en una escudería ganadora.
Fuente: AS
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