El español fue el primero en hacer a pie el nuevo trazado de Fuji acompañado sólo por los tres ingenieros de su McLaren, los únicos en los que confía para ganar. Las previsiones hablan de una carrera en mojado.Lo adoraron como a un dios. Pero sólo es una montaña. Sin embargo, aquél que haya visto alguna vez el Monte Fuji nunca lo podrá olvidar. Es el volcán perfecto con su cima, a 3.776 metros de altitud, permanentemente nevada. No es sólo el símbolo de Japón, también es un elemento pleno de misticismo. Aún quedan santuarios en la isla dedicados a él y más de 300.000 nipones llegan a su cima cada año como parte de un ritual casi mágico. A las faldas de este imponente escenario es donde se disputa este fin de semana la madre de todas las carreras. El gran premio que puede decantar el título mundial para Hamilton o Alonso. Se espera lluvia para el sábado y especialmente para la carrera del domingo. Con temperatura fresca, de 18 grados. Algo que podría beneficiar al bicampeón, que siempre conduce a sus fans al éxtasis cuando la pista esta mojada.
La montaña está rodeada por enormes bosques, lagos naturales y Gotemba, donde vivió Pedro de la Rosa, es el pueblo de entidad más cercano. Ayer el recibimiento fue esquivo, con el Fuji cubierto por las nubes y una humedad que se metía por los huesos. No es de extrañar que el catalán pensara en marcharse nada más pisar su pequeño apartamento junto a un arrozal, donde finalmente vivió la aventura más hermosa de su vida hace once años. Con este ambiente tristón habitual en la zona, Fernando Alonso fue ayer el primer piloto en reconocer la pista.
El bicampeón del mundo se ha tomado esta carrera muy en serio y recuperó ayer la vieja costumbre de reconocer los circuitos. Es un trazado nuevo. Se acercó a media mañana a la pista acompañado de su guardia pretoriana, Mark Slade, su ingeniero de pista y otros dos técnicos del coche número uno. En ellos y en sus mecánicos son los únicos en los que confía el bicampeón dentro de McLaren para ganar el título. Su afán competitivo está al margen de nacionalidades y revisan cada milímetro del coche del asturiano antes de que salga de boxes. Están convencidos de que puedan ganarle este Mundial a Hamilton, el piloto del garage de al lado.
El asturiano apareció en el escenario con la mejor de sus sonrisas, ajeno a todas las barbaridades que se han dicho sobre él las últimas semanas. Está encerrado en el caparazón de competir, trabajar y preparar con mimo las tres finales que le esperan. De hecho, ha llegado a tope físicamente después de diez días de trabajo en el gimnasio.
Hamilton no acudió al circuito de Fuji porque su modo de acercarse a la carrera es distinto, que no peor. El británico llegará al GP de Japón con más de dos mil vueltas dadas al simulador de la escudería británica en Woking. Fernando apenas ha rodado virtualmente. Es una herramienta muy útil, ya que permite simular condiciones de mojado como las que se esperan este fin de semana.
Y hasta hacerse una idea de qué reglajes básicos pueden servir como punto de partida en una pista desconocida. Aunque el circuito nipón es mucho más seguro que antes, la última vez que llovió a mares, en 1976, Niki Lauda decidió retirarse y perdió el título con James Hunt por temor a un accidente. Es el reto de una montaña mágica oculta entre las nubes.
Fuente: As







