Molesto por las persecuciones en coche, por las carreras en los
aeropuertos y por los micrófonos al vuelo que inquieren sobre su vida
privada, Fernando Alonso replicó con el silencio. Ayer, con la
temporada a dos días de su comienzo, decidió no hablar para los medios
españoles en señal de protesta. El campeón del mundo quiso llamar así
la atención sobre un asunto que le molesta sobremanera.
Su manager, Luis García Abad, explicó ciertas situaciones surrealistas
que se han producido en las últimas semanas. Según Abad, Alonso estuvo
recientemente en Asturias para visitar a un amigo que se encuentra
enfermo y el revuelo de su llegada se relacionó con su supuesta boda y
la localización de restaurantes. Y a partir de ahí, más persecuciones,
más coches a la carrera y más incomodidad para el campeón del mundo,
que ya da por perdida la causa de acudir a su tierra natal sin que se
monte un jaleo descomunal con la prensa rosa.
Así pues, el ovetense se presentó junto a Schumacher, Raikkonen,
Speed y Rosberg en la conferencia de prensa oficial de la FIA, expresó
sus ganas en «comenzar ya para despejar incógnitas», dijo que su vida
«no ha cambiado nada» y se refirió a la diferente realidad de un año a
otro en el apartado deportivo. «En 2005 llegaba a la primera carrera
pensando que podía hacer podio, sumar algún punto, tal vez ganar algún
día. Y ahora es todo distinto. Tengo el número uno en mi coche y debo
defender el título mundial».
Todo sigue igual con Renault
Vestido con vaqueros pirata, zapatillas amarillas y cuatro pulseras
negras en su mano derecha, Alonso intervino para decir en relación a su
futuro en McLaren que «todo sigue igual en Renault, con la misma gente
y la misma preparación de las carreras, solo cambia que estamos en el
primer lugar de los boxes y en el «paddock» porque somos el primer
equipo. Quiero ganar el título y Renault también lo quiere. Si pudiera
despedirme así sería fantástico».
El poder de la expectación se reflejaba en el chasquido de los
flashes cada vez que Alonso cruzaba una palabra en voz baja con
Schumacher o éste devolvía el chascarrillo. Raikkonen, efectivamente,
es gélido en su arte gesticular. No puede una pestaña, ni siquiera las
comisuras de la boca, cuando habla. «Es difícil cuantificar como estoy.
Sólo sé que hemos hecho un trabajo duro en Ferrari», dijo el alemán.
«La presión es obra de la gente. Más que presión, siento que estoy más
concentrado que nunca», atestiguó el finlandés de McLaren.
Fuente: ABC
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