Nunca se anda con cosas minúsculas Flavio Briatore. Jamás. Desde que
admitió que no sabía nada de Fórmula 1 pero que ingresaba en ella
porque le gustan los desafíos hasta este victorioso presente del
bicampeonato de Renault, corrió mucha agua bajo el puente y mucha tinta
en los periódicos del mundo. Siempre, ineludiblemente, apeló a su alto
perfil para sobresalir. Hizo de todo y lo que no hizo, la prensa se
encargó de inventarlo.
Hay cosas concretas e irrebatibles: su ojo clínico fue el que avizoró antes que nadie el potencial de Michael Schumacher y de Fernando Alonso, los dos campeones de F.1 del milenio. Con ello, cualquier cosa que digan sobre él, puede, como poco, permitirle una mínima sonrisa en su habitual mueca dura y desangelada.
Dicen que en 1994, cuando Schumy ganó el primer título con Benetton (bajo su tutela) y el alemán le habló de dejar el equipo, llevó a éste en su velero hasta el medio del mar y cuando no hubo tierra a la vista, le dijo que no era "conveniente" que se fuera. Comentan que si pasa horas en su yate no es sólo para tomar sol y que lee, de cabo a rabo, cada edición de Le Monde, Newsweek y Time Magazine . Dicen que, aún siendo novio de la modelo Naomi Campbell, se acercó en forma seductora a la hija del presidente de Kazakhstán, porque intuyó negocios petrolíferos y dicen, también, que le pidió a Fernando Alonso 2.500.000 euros para liberarlo de su contrato antes de que termine 2006.
Briatore, que cada vez que habla es para negar hechos, también suele envalentonarse. Antes de la temporada 2007, para la que los pronosticadores vislumbran nubarrones sobre su team, él no se amilana. "Ferrari será mucho menos competitiva sin Schumacher y a McLaren, con Alonso en sus filas, se le acabaron las excusas", amenazó, tal vez más para darse ánimo que para buscar controversias.
Briatore tiene por delante una temporada de mucho trabajo en Renault. En la escuadra se alinearán Giancarlo Fisichella, que no mostró gran cosa en el año que se fue, y el novato Heikki Kovalainen, con mucho por aprender. Evidentemente están en desventaja ante Ferrari -con el renovado espíritu de Kimi Raikkonen y el probado poderío de Felipe Massa- y también ante McLaren, que reclutó a Alonso y vestirá con el "1" al coche que presentará el 15 del actual.
Igual, Briatore no se calla y dispara sin miramientos. Puede parecer digno de su perfil contestatario, pero ya nadie olvida que las dos últimas estrellas fueron descubiertas por él. Y por eso, su explosiva verborragia, que antes era tildada de simple incontinencia verbal, se escucha ahora cada vez con mayor atención.
Daniel Meissner
De la Redacción de LA NACION
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