Ya no está Schumacher, Alonso y Raikkonen estrenan equipos, los motores
están congelados y los neumáticos serán los mismos para todos: la
temporada 2007 de Fórmula 1 arranca el 18 de marzo en Melbourne repleta
de alicientes para repetir o incluso superar la emoción del año pasado,
porque la lucha por el título está más abierta que nunca.El 'baile' de pilotos es el mayor picante, porque la marcha del heptacampeón mundial Schumacher deja a la Fórmula 1 sin su faro. En el último lustro todo dependía de lo que hiciesen el alemán y su Ferrari. Si estaban bien, no había opciones para los demás.
Ahora la principal referencia es Alonso, campeón los dos años anteriores. Pero el español dejó Renault y se sienta ahora en un McLaren-Mercedes. Ya es el piloto mejor pagado de la parrilla (unos 30 millones de euros anuales), y su calidad está probada, pero llega a un equipo que no ganó ninguna carrera en 2006 y que no conquista el título desde 1999.
"Mi objetivo es ganar el título", afirma sin rodeos Alonso. Sin embargo, los resultados de pretemporada, aunque esperanzadores, no despertaron la sonrisa en el español. "Todavía queda mucho trabajo por hacer".
El motivo de la máxima preocupación de Alonso tiene un color, el rojo de Ferrari, y un nombre, el brasileño Felipe Massa. En medio de los muchos cambios, Massa es el único de los pilotos punteros que sigue en el mismo sitio, y ello parece otorgarle una clara ventaja en las primeras carreras del año.
Al contrario de lo previsto, Massa está haciendo valer su veteranía en Ferrari sobre la llegada del finlandés Kimi Raikkonen, que está pagando el período de adaptación. El nórdico asegura estar tranquilo. "Los resultados no dependen de mí ni de una supuesta falta de habilidad, sino de la fiabilidad del coche", afirmó el subcampeón mundial de 2003 y 2005 en un claro dardo a su ex equipo, McLaren: "El rojo es más cálido que el plateado".
Ferrari conoce lo que 'calza'Junto al perfecto y ya largo acoplamiento de Massa a su bólido, Ferrari cuenta con una segunda ventaja que se antoja decisiva en el arranque de la temporada: conoce mejor que nadie los neumáticos de Bridgestone, que tras la marcha de Michelin se quedó este año como el único suministrador del Mundial.
Por eso, y porque los tiempos de pretemporada confirmaron su favoritismo, el triunfo en Melbourne debería ser suyo. Y probablemente también en Malaisia y Bahrein, antes de que la Fórmula 1 viaje a Europa con el Gran Premio de España en Barcelona el 13 de mayo.
En total serán 17 grandes premios para una temporada que se cerrará el 21 de octubre nuevamente en Sao Paulo. No estarán circuitos tradicionales como Imola (instalaciones anticuadas) y Hockenheim (se alternará con Nurburgring). También desaparece Suzuka, cuyo lugar como sede del Gran Premio de Japón será ocupado por Fuji.
Las primeras evoluciones de los monoplazas llegarán en Barcelona, aunque este año deberán centrarse prácticamente sólo en la aerodinámica. En su esfuerzo por reducir costes, la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) ordenó 'congelar' los motores, que serán esencialmente los mismos a lo largo de la temporada. Además, no podrán pasar de 19.000 revoluciones por minuto.
BMW-Sauber, ¿tercera espada?Las limitaciones de motor otorgarán buenas opciones al que se perfila como el equipo revelación del año: BMW-Sauber. Tiene un motor potente y dos pilotos hambrientos en el alemán Nick Heidfeld y el polaco Robert Kubica. La caja de cambios les dio problemas en pretemporada, pero sus tiempos fueron sensacionales.
Muchas menos apuestas a favor tiene Renault, que pese a ser el campeón de las dos últimas temporadas, vio caer espectacularmente sus acciones con la marcha de Alonso y la pérdida de su fiel aliado Michelin. Giancarlo Fisichella es su teórico número uno, pero el novato finlandés Heikki Kovalainen ya está comiéndole terreno a la frágil moral del italiano.
El panorama no es tampoco alentador para Honda, con muchos problemas técnicos, Toyota, cuyos resultados siguen siendo pésimos para su multimillonaria inversión, y sobre todo Williams y Red Bull: el año 2007 se avizora previsiblemente en blanco para ambos, el caldo de cultivo perfecto para polémicas y cambios bruscos. Otro aliciente más para un año que se promete apasionante.
Fuente: El Mundo






