Hay dos tipos de
carreras muy distintas en Mónaco. La televisiva, muchas veces tortuosa
y sin adelantamientos que alteren el guión de la calificación, y la de
los 75.000 espectadores que el domingo volverán a llenar las tribunas,
terrazas y yates que rodean su mítico puerto.
Ellos sí que
disfrutan de un espectáculo único, el de ver saltar las esquirlas de
los guardarraíles al paso de los Fórmula 1, su sonido atronador, esa
incertidumbre de tendido del siete Sin margen para el error, siempre
puede pasar algo. Y cuando ocurre, los dos tipos de espectadores
convergen y le dan sentido a esta carrera absurda creada por un
visionario llamado Anthony Nogues en 1929.
Desde
que disfruto en vivo de esta prueba, temporada 2000, nunca ha llovido
en sus calles. Es algo que espero cada año, sin suerte. En el último
gran premio en agua venció de manera intratable Michael Schumacher. Fue
un 11 de mayo de 1997. Esta vez, justo diez años después, las
previsiones para el sábado y domingo son de lluvia. Si se cumplen,
puede triunfar de nuevo el talento, es decir, Alonso. El riesgo de
precipitaciones es del sesenta por ciento, con una máxima de 18 grados
y una mínima de trece. El agua se da casi por segura para la
calificación, que se convertiría entonces en un duelo de locos. Ayer,
en cualquier caso, se esperaban tormentas y todo se quedó en un
bochorno de 27 grados. En fin, el clima puede ser un picante más para
una prueba que se antoja decisiva para el Mundial. "Hay que estar en el
podio en todas ellas, si cualquiera de los cuatro pincha, puede ser muy
grave para sus aspiraciones al título".
El
asturiano ya sabe lo que es pilotar en las calles del puerto con una
pista llena de humedades. Fue en el año 2000. Un chaparrón la tarde del
sábado convirtió la carrera de Fórmula 3000 en un sinfín de accidentes.
Alonso, que salía último por un problema en la arrancada, escapó
milagrosamente de todos ellos y remontó quince posiciones, hasta el
octavo lugar. Adelantaba por sitios inverosímiles y fue su primera gran
demostración en la antesala de la F-1. Hamilton, el debutante de oro
que ha cambiado su discurso victorioso por uno más moderado, también
tiene buenos precedentes. Venció las dos mangas de las F-3 Euroseries
2005 y dominó sin contemplaciones el año pasado en GP2.
La
historia, eso sí, juega en contra de los debutantes. Al mejor de todos
ellos, Ayrton Senna, una cacicada de Jacky Ickx, director de carrera,
le impidió alcanzar a Prost en 1984. Interrumpió la prueba antes de
llegar a la mitad de la misma. La fecha, un 3 de junio, demuestra que
ésta es una época donde la lluvia puede aparecer de improviso. Y a
favor de las sorpresas, en 1996, el francés Olivier Panis logró su
único triunfo en F-1 en una carrera que se inició en mojado y terminó
con un rosario de abandonos. De los gallos del actual Mundial, dos de
ellos, Fernando y Kimi Raikkonen, son buenos en mojado, uno es malo,
Felipe Massa y el otro, Hamilton, una incógnita. Que llueva, que llueva.
Antecedentes en mojado
3 de junio de 1984. Ayrton Senna se consagró bajo el diluvio
Las
carreras en mojado nunca terminan de una manera convencional en Mónaco.
Hace 23 años la dirección de carrera la suspendió en la vuelta 31 de
las 77 previstas por falta de seguridad. El público abucheó un
pucherazo a favor de Prost, que iba líder, pero veía como un debutante
volaba en su cacería. Era Senna al volante de un modesto Toleman Hart
con el que había salido 13º en parrilla. El tercero, Bellof, iba aún
más rápido que Ayrton con su Tyrrell-Cosworth. Salió último. El
pucherazo de Ickx le salió mal. El francés puntuó sólo la mitad de la
victoria. Ese medio punto le costó el título frente a su compañero
Lauda.
19 de mayo de 1996. La carambola triunfal de Olivier Panis
Salió
14º y la fortuna quiso que venciera por el abandono de Alesi, pero lo
cierto es que Panis se marcó un épico carrerón hace once años. Adelantó
a seis coches bajo la lluvia y no se rindió jamás, ni siquiera cuando
les separaban treinta segundos. Al final, tras 14 accidentes, el
francés llevó a la victoria su Ligier Mugen. Sólo se clasificaron
cuatro coches, la cifra más baja de la historia, y cuando se suspendió
la carrera a una vuelta del final (había excedido las dos horas límite
de duración), en pista había tres monoplazas. El propio Panis,
Coulthard (McLaren) y Herbert (Sauber). Frentzen, el cuarto, ya había
abandonado.
11 de mayo de 1997. Schumacher fue más inteligente que el resto
En
1997 un tremendo temporal de agua ralentizó mucho el ritmo de los
coches y provocó que la carrera se suspendiera cuando llevaban 62 de
las 78 vueltas previstas porque se superó el tiempo límite previsto de
dos horas. La pole había sido de Frentzen (Williams-Renault), pero su
equipo cometió el error de hacerle salir a él y a Villeneuve con ruedas
de seco. Media hora antes del comienzo empezó a llover, pero pensaron
que pararía. Ambos se salieron de la pista. Y Schumacher, con ruedas de
agua y puesta a punto para mojado realizó una carrera magistral. En
meta terminó segundo Barrichello, con su Stewart, tras salir décimo.
Fuente: AS
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http://www.safety-car.net/article.php/gp-monaco-formula-1-lluvia